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La primera manzana

Fue José Ignacio Exner, hijo de inmigrante alemán, quien adquirió de su padre la pasión por el monte, la capacidad de observar el campo y el interés por aprender las mejores prácticas de cultivo. No es relativo que, tras recorrer España, fuera la imponente y compleja orografía asturiana la que le cautivó. Esa tierra era el lugar perfecto para cumplir su sueño: plantar unos manzanos muy especiales que cuidaría a diario para, así, elaborar con ellos una sidra única.

Una primera manzana

que nos ayudaría descubrir

que no todo es relativo

Finca Gallinal pasó de sueño a realidad: una plantación singular en Asturias, inscrita en la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias, con la que convivimos intensamente todos los días del año. En ella celebramos el avance del ciclo vital de nuestros manzanos; conocemos cada árbol y a cada uno le dedicamos un cuidado especial. Por eso no es relativo que en Finca Gallinal convivan las variedades de manzana capaces de crear las mejores sidras con nuestro afán permanente por extraer lo mejor de lo natural. Exner transmite a las nuevas generaciones que “calidad” y “artesanía” son atributos llenos de pasión, convicción y compromiso. Atributos que no son relativos. Como tampoco lo es el amor por la tierra ni el deseo de juntarnos a compartir momentos repletos de anécdotas y sonrisas. Es increíble todo lo que hemos aprendido desde aquella primera manzana.